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"Amorismo"; mi filosofía de la educación


La placidez conduce al quietismo. Éste genera desgaste; el desgaste, tedio, vacío existencial y parálisis; la parálisis, frustración; ésta última produce resentimiento, resistencia al cambio y a quienes lo promueven. No cambiar embota la capacidad creativa. Donde no hay creación se degrada la  vocación humana de soñar,  proyectar, arriesgarse, añadir vivencias profundas e insospechadas al pasaje del hombre por el  mundo”.
Carlos Kohn, citado en 'Repensando la Educación en Nuestros Tiempos' por Magaldy Téllez. P. 141.

 


Desde tiempos remotos, la humanidad ha reflexionado en la forma de educarse, cada sistema, cada método, obedece a una corriente filosófica determinada por las circunstancias y la época que le rodean. La experiencia educativa ha llevado a enriquecer cada día los conceptos filosóficos de la educación. La reflexión, la búsqueda y la sensibilidad han invadido el nuevo concepto educacional.

Las interrogantes de hoy pueden ser talvez las mismas de antes, pero cada nuevo enfoque plantea otras posibilidades de acción pedagógica y motiva la búsqueda del conocimiento, el intercambio de información y el desarrollo de las habilidades humanas, nutriéndose siempre de las corrientes filosóficas aprehendidas con el tiempo. Por eso, para definir mi propia filosofía de la educación debo considerar las ventajas y desventajas de las distintas corrientes filosóficas.

Según José Guadalupe de la Mora Ledesma (1981), en su obra titulada “Esencia de la Filosofía de la Educación”, hay tres grandes problemas que engendran la desorientación filosófica: “El problema de la realidad esencial; el problema relativo a la naturaleza de la verdad y la validez del conocimiento y el problema acerca del origen, naturaleza y destino del hombre”. Tres temas que llevan a reflexionar si los educadores lográsemos tener un recto conocimiento del hombre, su naturaleza y su realidad, se pudiera ayudar a la educación a salir un poco de tanta confusión y desconcierto en que se desarrolla actualmente.

Es preciso entonces, recurrir a una verdadera filosofía para que la acción educativa reciba una adecuada orientación.
Para encontrar una verdadera filosofía de la educación, considerando que lo “verdadero” no es tan infalible y preciso como creen los idealistas, recurriremos a analizar brevemente algunas corrientes filosóficas.

El Naturalismo:

Esta teoría evolucionista afirma que las Ciencias Naturales son las únicas que podrán explicar la realidad, utilizando para ello el método experimental, de observación y de inducción. La verdad, así, sólo es verdad si es demostrada en base a estos métodos. Por lo tanto, la única realidad es natural, material y sensible, como la misma naturaleza.

La aplicación de esta corriente en las aulas hace que el aprendizaje sea responsabilidad del estudiante, autodirigida por los mismos alumnos, a los cuales el maestro debe proveer de un ambiente agradable.
El naturalismo realza la importancia de adaptar métodos al desarrollo natural del educando. Ha estimulado muchos experimentos en la psicología del educando, principalmente en lo relacionado a psicología infantil.

Ha estimulado también la educación física y su valor en la salud y el desarrollo mental del individuo. Así como ha contribuido a despertar el interés por el estudio de las Ciencias Naturales, aplicable a los avances científicos, a partir de los cuales se han obtenido grandes bienes a lo largo de la historia.

Sin embargo, dada la dificultad para determinar lo que es realmente natural se puede prestar a distintas interpretaciones y los resultados en el estudiante son difíciles de evaluar, empezando por el concepto tan amplio de que el castigo para un estudiante se reduce a la consecuencia de sus actos.

El idealismo:

Sistema filosófico que considera a la idea como primera y única realidad esencial. La esencia del ser es la idea, el mundo de la materia es una ilusión, es una manifestación de la idea o del pensamiento.

En clase aparecen a cada instante los ideales. Tanto enseñamos dogmas de fe como ideas relacionadas con la realidad inmediata, pues el maestro no puede apartarse de sus creencias y las transmite de inmediato al estudiante, muchas veces de forma inconsciente. En pro de la objetividad se debe tener cuidado de delimitar esa frontera entre lo que enseño y lo que debo enseñar. La lógica no es infalible y hay que aplicar la razón y el conocimiento para discernir entre lo que tenemos por “verdades”.

El realismo:

El conocimiento capta la realidad por medio de la actividad de los sentidos y de la inteligencia, mediante una justificación crítica de la capacidad de la mente para conocer la verdad.

A través de la historia, la Filosofía de la educación nos ayudará a encontrar una respuesta adecuada en la labor educativa para la elección más acertada de una dirección a seguir. Si bien el realismo es práctico, en las aulas se puede tener una percepción menos precisa, y no se tiene la certeza de quién sabe más.

El pragmatismo:

En esta filosofía, la acción precede al pensamiento, por lo que la teoría resulta de la práctica. Todo lo que se refiere al conocimiento, la concepción de la vida, debe ser citado ante el tribunal de la acción. La verdad tiene un carácter instrumental: se trata de servir a nuestra acción, para prosperar en la vida.

Esta corriente refuta las verdades absolutas y se apoya en el pensamiento de Heráclito que; “lo único permanente es el cambio”. Por lo tanto, es muy aplicable en el aula el concepto de descubrir a través de los procesos, dotarse de información y aprender de la misma experimentación. Darle mayor importancia al proceso que al resultado hace que esta corriente sea más utilizada en los planes educativos de la actualidad. Se trata de aprender haciendo.

Pero, como todo tiene sus desventajas, le da poca atención a los valores y a los aspectos emocionales, pues se limita a determinar la verdad a través de un solo medio; la práctica.

Mi propuesta; "Amorismo":

Luego de este breve repaso por las tendencias filosóficas estudiadas, puedo decir que mi filosofía de la educación consiste en aprovechar las ventajas de cada escuela filosófica y con base en el pensamiento pragmático de aprender haciendo, desarrollar aprendizaje y conocimiento destacando valores humanos, morales, naturales y espirituales. Es decir, el desarrollo filosófico del hombre y las respuestas a las preguntas existenciales han forjado un pensamiento mixto aplicable a todos los procesos educativos de la actualidad, de forma tal que un poco de todo parece ser lo mejor.

El propósito es orientar y buscar verdades y soluciones en conjunto. La gran diferencia entre un maestro de escuela y un auténtico filósofo es que "el maestro cree que sabe un montón e intenta obligar a los alumnos a aprender. Un filósofo intenta averiguar las cosas junto con los alumnos” (Gaarder, p.85.)

No obstante, ninguna de las corrientes estudiadas se refiere a un aspecto que considero fundamental, el profundo afecto humano, es decir la aplicación del amor en el proceso educativo.

Si la educación básica de todo individuo empieza en su casa, por medio del amor de sus padres, y, si uno educa a sus hijos con el amor como ingrediente principal, debe intentar llevar ese elemento humano afectivo a la clase. Como menciona Fanny Luckert Barela; “se trataría de apoyarnos en la música como arte y como vehículo para generar una educación del ser humano basada en el amor traducido en aceptación de sí mismo y del otro, en una convivencia nutritiva que a su vez produzca bienestar social y calidad de vida”.

En la película “Les Choristes” un maestro de música cambia por medio del afecto y la comprensión el estilo de “letra con sangre entra” predominante en un reformatorio. En otra película basada en la vida del doctor Patch Adams se comprueba que el amor y el buen humor son excelentes terapias que alivian el dolor.  Hay tantos ejemplos de que la identificación con los sentimientos del otro puede lograr cambios de actitud aprovechables en el proceso educativo.

Cuántas veces hemos escuchado a un niño justificar su fracaso escolar con la frase  “es que la maestra no me quiere”. Ese sentimiento provoca aversión a la materia, desinterés e indisciplina. 
Este “Amorismo” que propongo para nada debe ser permisivo, según Fanny Luckert (2002) no se trata de; “
apoyar situaciones irregulares, bajar los niveles de calidad o eliminar los límites”. Mi idea surge al comparar la educación que se le da a los hijos en casa; amor con valores y disciplina.

El maestro, al igual que un padre, debe estar interesado en el entorno personal de su estudiante, desarrollar la estima, conocer sus problemas y extraer de sus condiciones reales su potencial creativo, generarle confianza para que pueda ser consultado naturalmente, evitando los abismos que por costumbre han separado a profesores y estudiantes.

Educación inspirada en el afecto, la tolerancia, la empatía, y la comprensión. Vale decir, en el amor.

Lic. Carlos Guzmán

 

 

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